sábado, 14 de diciembre de 2013

La carta que nunca te enviaré

Querido Pablo:

A medida que van pasando los años los gustos evolucionan, algunos permanecen tal cual y otros simplemente cambian de forma. A mi siempre me ha gustado escribir. Quizá porque es una manera de contar historias y a menudo se me ocurren muchas cosas que decir, solo que a veces no encuentro ni el momento ni las personas adecuadas. A lo mejor simplemente es porque me gusta que me escuchen y saber que soy el centro de atención en la mente de alguien por un tiempo, porque mi vanidad cree que tengo capacidad para deslumbrar a alguien durante esos momentos de atención. O simplemente porque es una vía de escape. Siempre lo ha sido y de alguna manera me hace sentir mejor. Lo cual explica porque soy tan bocazas en otras circunstancias de mi vida.

Pero esta vez esta carta es solo para mi, te la escribo a ti, Pablo, porque como ya he dicho antes los gustos evolucionan y un blog a modo de diario en el que contar mis penas y mis dudas se me queda pequeño. Me resulta propio de la adolescencia e incluso algo infantil volcar mis frustraciones y pataletas esperando que alguien lo lea mi de una palmadita. Así que ese trabajo a partir de ahora lo voy a dejar en tus manos. Pero no puedo contártelo porque si no funcionaría bien el experimento. Es por eso que esta carta nunca llegará a tus manos.

¿Entonces por qué escribo todo esto? Porque necesito ubicarte y explicarte. Eres la evolución de un pensamiento que lleva rondando en mi cabeza algún tiempo y por fin me he decidido a darte luz.

Empezaré por explicarte quién eres exactamente, aunque nunca vayas a leerlo. Nos conocimos hace 27 años y medio, en concreto el día en que nací. Eso es, nacimos exactamente el mismo día, y no fue casualidad porque de alguna manera nuestras vidas han estado programadas de la misma manera. Hemos vivido situaciones muy similares, éxitos y fracasos, alegrías y bajonazos y para bien o para mal hemos tomado decisiones que nos han llevado hasta donde estamos hoy. Lo sabemos absolutamente todo el uno sobre el otro y sobra decir que las vergüenzas o las mentiras que maquillan la verdad sobran entre tu y yo, por lo que no tiene sentido andarse con tapujos o tratar de fingir que soy mejor persona de la que soy. Y no pienso hacerlo.

Hay dos características que compartimos que me gustan especialmente de nosotros dos. La primera es que tenemos la capacidad de amar bien las personas. Eso quiere decir que nos gusta que la gente que queremos sean felices (aunque cuando eso depende directamente de nosotros a mi no se me de tan bien como a ti).
La segunda característica se desarrolla a partir de la anterior. Bajo mi punto de vista se nos da muy bien dar consejos a los demás cuando nos lo piden o creemos que los necesitan. Por escuchar, por saber ponernos en el lugar del otro y porque empatizamos y creemos saber cómo cambiar los sentimientos amargos de los demás. Aunque en mi caso a veces me paso de listo... eso a ti no te pasa.

Si embargo tu y yo no somos dos gotas de agua. Hay algo que marca una clara diferencia en nuestras vidas y es que tú siempre tomas las decisiones correctas. Te tengo un poco de envidia de la sana, y me alegro mucho por ti, pero lo cierto es que cuando se nos ha presentado una encrucijada, una disyuntiva o teníamos que optar entre una u otra posición, la tuya siempre ha sido la correcta a la vista de los resultados.

Por eso empiezo este pequeño proyecto epistolar pidiéndote un favor. Que me ayudes. Que me ayudes con mis dudas, con mis problemas, con mis tomas de decisiones, con mis días bajos, vagos y que celebres conmigo los altos. Quiero que seas mi consejero y confidente. Se que no hace falta que te lo pida porque eres mi mejor amigo y la persona que mejor me conoce, por eso nunca te mandaré esta carta, pero en estos momentos más que nunca necesito tener un buen amigo cerca y nunca habían estado tan lejos.
He de advertirte que no serás como Kitty, que era el “Pablo” de Ana Frank. Es posible que tengas variaciones en tu biografía personal, que hayas tomado caminos diferentes a los míos en una carta y en la siguiente estés compartiendo clase, piso y problemas cotidianos conmigo. O incluso que te alimentes de las opiniones que haya oído ese día, o hasta puede que de los comentarios en estas mismas cartas.
También te advierto que no sé cada cuanto te escribiré. Últimamente me da por mandar paquetes sorpresa a la gente o por no mirar el móvil en días con tal de no saber nada. Aunque eso te lo cuento ya en otra carta.

Se me está haciendo tarde y creo que dejaré para mañana la primera carta que sí te enviaré. Solo quiero decirte que espero que me acompañes en esta etapa y que todos esos buenos consejos que das a los demás me los des a mi también. Y sobre todo que consigas convencerme de tomar esas decisiones de las que estoy tan orgulloso de ti.

Por último y ya me despido, solo decirte que el nombre de Pablo siempre me ha gustado mucho y no podría haber sido otro al que le contase estas cosas.

Te escribo pronto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario